Sobre
Espectador de paisajes y momentos que no se repiten.
Cuando hago una foto intento capturar un lugar, una luz, un gesto, un momento que en un segundo ya ha cambiado. Casi nunca planeo la foto. Algo me mueve, me provoca y disparo.
Me llaman la atención las formas de la naturaleza, la geometría de los edificios, las personas, el color y las sombras. Lo perfecto y lo imperfecto. No me importa que salgan movidas, con grano o casi a oscuras. En ese momento no sé qué es lo que me motiva a hacer esa foto. Luego, cuando las veo, lo entiendo. A veces no sé ponerle nombre, pero reconozco la sensación.
La rutina es parte de mi trabajo: las mismas pistas, los mismos aeropuertos, los mismos horarios. Pero hay algo que cambia cada día. La luz. No sé cuántos amaneceres he visto, ni cuántos atardeceres. Lo que sí me queda en el recuerdo es la luz. Siempre la luz. Hay un momento en que el mundo deja de ser reconocible: las montañas son sombras, los mares son espejos, las ciudades se iluminan sobre el fondo negro. Muchas veces he pensado que nadie más estaba viendo exactamente lo que yo veía. A veces, desde arriba, entiendo lo de aquí abajo. Y me gustaría que quien mire mis fotos se pare también un momento y se pregunte qué le motiva.
Estas fotografías son el intento de guardar esos momentos, y de compartirlos.